lunes, 6 de noviembre de 2017

Estrategias y programas

El tabaquismo es un problema social muy grave que no ha podido ser controlado por el grado de complejidad; es como una trampa que atrapa principalmente a los más inmaduros e inexpertos, los adolescentes. En esta etapa se atraviesa por múltiples cambios físicos, mentales y emocionales, hay un descontrol en esa búsqueda de identidad y de querer dejar de ser niño para convertirse en adultos, existe la presión social, del núcleo de amigos al que queremos pertenecer, la publicidad, etc. Aunado a los conflictos familiares, sociales, económicos, psicoafectivos convirtiendo esta trampa en un laberinto que cada vez nos aleja más de la salida.

    Se han implementado diversas estrategias y programas preventivos en la etapa escolar y correctivos para la edad adulta, cuando el hábito ya está arraigado. Considero que se ha descuidado un sector muy importante y es el de los adolescentes que están iniciando con este hábito, si en esa etapa se logra concientizar el daño que provoca y de forma integral atacar la razón por la que se quiere fumar a través de tratamiento psicológico sería más sencillo dejar esa conducta con menor ansiedad.
   



  Existen diversos métodos o estrategias para dejar de fumar, en este caso hablare de dos: el método (RGINA) y el método de Allen Carr.
    El método (RGINA) propone una serie de cuestionarios para conocer el ¿Por qué?, ¿Cuándo?, se originó el problema y el grado de adicción o dependencia que se tiene, además de los factores que influyen en el mayor consumo como: las emociones, los hábitos sociales, etc. El tratamiento dura 8 semanas y durante este tiempo el terapeuta lleva al paciente a tomar conciencia de los daños que ocasiona el hábito de fumar a través de  un control del número de cigarros que fuma durante el día, la hora, el placer que le produce y la situación relacionada.

    De forma gradual se va reduciendo primero la cantidad de nicotina y alquitrán cambiando de marca de cigarros a una que contenga menor cantidad, posteriormente se van eliminando los cigarros que producen menor placer, el objetivo es que en la semana 7 el paciente elimine por completo el número de cigarros que consume.



    Por su parte el método de Allen Carr invierte el proceso haciendo el cambio de programación antes de dejar de fumar; desarma por completo las trampas mentales que nos produce el placer mostrándonos como opera la nicotina en nuestro cuerpo y que es mentira que nos guste el sabor o que lo necesitemos para relacionarnos o para reducir la ansiedad, el aburrimiento, el coraje, etc. Nos muestra claramente que es justamente el cigarro el que nos aumenta la ansiedad, el aburrimiento, reduce nuestra concentración y nos aparta de nuestro grupo social. Provoca  un cambio neuronal de ver al cigarro como fuente de placer a verlo como una cárcel que nos mantiene presos, ahí la puerta está abierta y nosotros tenemos la decisión de salir, sin embargo nos metemos y la cerramos con llave.

    A lo largo del libro nos presenta situaciones reales y nos hace reflexionar sobre nuestros hábitos, para que al llegar al final del libro dejemos de fumar por convicción, sin ansiedad, sin sufrimiento, sin subir de peso.




    Son dos enfoques diferentes que llevan al mismo resultado, simplemente hay que ver cuál es el que se adapta mejor a nosotros. Hacerlo poco a poco o dejarlo de tajo. 






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